
EL STEAM PUNK O CÓMO UN CORTOMETRAJE PUEDE COSTAR LO MISMO QUE TU PISO
Febrero 2, 2009El cine es un negocio caro. Eso nadie lo pone en duda. De todas las artes, yo diría que es la más costosa y la que mayor inversión (de personal, de dinero, de todo lo que podamos imaginar) requiere si se quiere hacer bien. Incluso los cortometrajes, que vienen a ser en el mundillo del cine lo que los cuentos cortos en la literatura, una especie de muestrario del buen hacer del artista, son algo tan difícil de poner en marcha que muchos se quedan en el tintero sólo por la imposibilidad de conseguir que alguien los financie.
Comento esto porque hace unos días estaba hablando con unos buenos amigos que trabajan en el mundillo cinematográfico, Chema y Raúl, sobre este tipo de cosas, y recordamos entre todos un proyecto que llevamos varios años arrastrando, y que no hemos podido concretar por la consabida y prosaica falta de fondos. En España, sacar un corto adelante es una tarea de chinos, y más de los dos mil que se preparan al año y se presentan como candidatos para las subvenciones acaban en el limbo de las ficciones que nunca se contaron, o cambian de formato y acaban siendo cómics, relatos, novelas o incluso videojuegos (éstos tampoco son nada baratos de producir, por cierto). Pero si además el cortometraje en cuestión pertenece al género de nuestras entretelas, lo que hasta ahora era un esfuerzo titánico se convierte en un verdadero imposible, una quimera cuyo brillo rutila en el horizonte pero jamás se logrará alcanzar. El Estado, principal promotor para cualquier proyecto cinematográfico rodado en España, cierra las puertas a cal y canto a todo lo que huela lejanamente a cine de entretenimiento, pues en teoría sólo apoyan a los guiones que por su “interés cultural” sean dignos de recibir un dinero X. Sobre este particular volveré más tarde, pero baste por ahora decir que si tu guión contiene elementos de cine fantástico, acabará en la papelera del funcionario de turno antes incluso de haber abierto la primera página.
España está empezando a darse cuenta de que hay que mimar a la taquilla para que los proyectos sean rentables, y la tercermundista industria de nuestro cine pueda ir saliendo adelante. Monstruos del marketing como Santiago Segura y sus “Torrentes”, o la nueva hornada de jóvenes directores cuyas películas rozan o se integran directamente en la categoría de cine comercial (¿alguien no ha oído hablar de “REC”, o de su remake americano?) se han dado cuenta de que comercialidad y calidad no son términos reñidos, y coquetean con temáticas que, repito, sólo son apoyadas por la administración si vienen acompañadas por el nombre de alguna estrella, como Segura, o los respalda el apellido de un director conocido internacionalmente, como Almodóvar (mecenas de algunos de los proyectos de Alex de la Iglesia) o Del Toro. Hay que matizar, para los que no lo sepan, que existe una importante diferencia entre lo que se considera un éxito en términos de taquilla aquí en España, y lo que se considera éxito en países como Estados Unidos. En USA, como la totalidad de la inversión suele ser privada, un film se considera éxito si recauda más de esa cantidad en su exhibición en salas, más lo que saca luego del merchandising (de haberlo) y de las ventas directas en DVD. En España no es así.
Aquí se dice que una película hecha con capital patrio es exitosa si, y sólo si, ojo al dato, su recaudación supera la aportación de capital privado de su presupuesto. No la total. Me explico: Una película como Alatriste pudo ser uno de los mayores bombazos de taquilla del cine español, y es cierto que barrió en los cines, pero… ¿significa eso que recaudó más de lo que costó? No necesariamente. Si, por ejemplo, Alatriste costara treinta millones de euros (es sólo un suponer), de los cuales veinte fuesen capital privado y los otros diez proviniesen de subvenciones, la película sería un éxito si recaudase en total veintiséis millones de euros. Como el porcentaje de inversión no correspondiente al Estado está cubierto, y los inversores ganan unos cuantos millones más sobre lo que invirtieron, la película es un hit. Si recaudase sólo quince millones, sería un fracaso.
Hay muy pocas películas españolas que sean rentables, en la realidad. La mayoría no sobrepasan su presupuesto total en la recaudación, y muchas ni siquiera cubren la inversión privada. Sólo al cabo de los años, si la película es repetida muchas veces en televisión y se vende bien en el mercado doméstico, sus productores ven suficientemente compensado su esfuerzo. En el mundo de los cortometrajes la cosa es mucho más deprimente, pues un corto, por definición, no genera beneficios. Sí, puedes llevarte a casa la cuantía de los premios que vayas ganando en los festivales, pero son cantidades irrisorias de dinero que apenas sirven para cubrir los gastos de asistir a esos mismos festivales y salir de farra por las noches, aprovechando la coyuntura. Y teniendo en cuenta que no te van a dar una subvención si tu corto no va sobre pateras o cuernos entre parejas, mejor apaga y dedícate a otra cosa.
Yo he sido guionista de una serie de televisión para la cadena Autonómica de Canarias, y sé lo difícil que es luchar por sacar adelante estos proyectos con cuatro duros. Cuando quieres hacer una serie, tienes que competir con lo que llega de fuera. El espectador no sabe de presupuestos ni de esfuerzos; lo único que sabe es que tiene una cantidad de horas muy limitada a la semana que dedicarle a la tele, y que la oferta es inmensa, con tanto canal digital. Así que si lo quieres engatusar para que vea tu serie casposa (donde cada episodio ha costado lo mismo que se gastan los americanos en cubatas y pizzas para el rodaje) y no el último gran fenómeno ultracaro que llega de los USA, tienes que intentar ofrecerle algo original. Para que nos entendamos, toda la segunda temporada de nuestra serie, trece capítulos de 40 minutos, costó unos cincuenta millones de las antiguas pesetas. Sólo el episodio piloto de la serie “Terminator, las crónicas de Sarah Connor”, costó veinte veces esa cantidad.
El cortometraje que queremos sacar Chema, Raúl y yo, algún día, es de temática steam punk Ya saben, aventuras victorianas en un mundo retrofuturista. Una vez nos sentamos a tomar un café en una terraza y nos pusimos a calcular alegremente cuánto podría costar esa aventura de veinte minutos, si se hiciera bien. Y por bien me refiero a rodarla en 35, con un buen sonido THX o DTS, una buena postproducción y una copia digital para exhibirlo correctamente en los festivales. Échense a reír. Los números se nos salían de la servilleta. Al final, entre decorados, actores, FX, sonido, atrezzo de época, vestuario, imagen (los directores de foto buenos, de calidad, te pueden cobrar 3000 euros al día, más lo que cuesta el alquiler del equipo), etc… salía más caro que mi piso. Sensiblemente más. Y estamos hablando de un corto de veinte minutejos, no de una película.
Por eso les digo que admiro mucho a los creadores que son capaces de inventarse una historia de tema comercial y sacarla adelante, contra viento y marea, porque el trabajo que han tenido que hacer es verdaderamente titánico. Vaya por delante mi admiración y mi respeto hacia esos directores y la intención de que, algún día no muy lejano, en España se apueste por el cine fantástico con tantas ganas y tanto talento como se apuesta por otro tipo de cine más intimista que, si bien está bastante bien hecho y es muy interesante, mantiene a nuestra cinematografía ancorada en unas recaudaciones que están a años luz de lo mínimo necesario para crear algo llamado “industria”…
Y yo me pregunto, ya para acabar: ¿qué entienden los funcionarios que reparten las subvenciones por “cultura”? ¿Por qué desechan los guiones que contienen elementos de cine fantástico sin mirarlos siquiera, si la obra cumbre de nuestra literatura, el Quijote, está llena de esos mismo elementos? ¿Es que la administración quiere parecer tan culta y seria que no se da cuenta de que la mayor aportación cultural del siglo veinte del país más poderoso del mundo, su rasgo cultural más universal y reconocido… no es más que un tipo vestido de negro con un sable de luz en la mano?
Estimado Mr. Conde
Lamento oír sus palabras, pues de ellas se desprende cierta frustración artística que no se merece. No pienso que, de momento, deba echar de menos la posibilidad de realizar ese proyecto, pues usted ya tiene la virtud de narrar historias y eso, créame, es más importante que los artificios técnicos de las obras cinematográficas.
En su mente nacen los personajes de sus historias y sobre el papel les da sentido a sus vidas. Hay algo más reconfortante para un artista que ser el dueño absoluto de sus proyectos, disfrute de ellos y haga disfrutar a los demás y de ninguna manera piense en lo que podía haber sido y no fue. Es más, la mejor de sus historias puede ser un fiasco y no porque no tenga los medios económicos para hacerlo, sino porque siempre trabajara con personas que ofrecen sus puntos de vista en la creación y pueden contaminar su proyecto original. Así que considérese un privilegiado si puede llegar a vivir de sus obras porque usted será el único responsable de ellas.
Respecto al funcionario de turno sería más fácil si sólo dependiera de una persona el conseguir subvenciones. Usted, como yo, sabemos que la política es el hilo conductor de los destinos pecuniarios. Hay varias posibilidades: ser un artista increíble en el que con un euro haces una obra maestra, escribir un guión de corte fantástico pero los malos tienen que ser de derechas y si es posible ambientada en la guerra civil y la que a mi me resulta más lógica dada su posición y es que si llega a convertirse en un escritor reconocido tendrá muchas más posibilidades de acceder a esos dineros pues quien no le va a dar una subvención a Alfred Dark, el hijo ilegitimo del tipo vestido de negro con un sable de luz en la mano.
PD. Si alguna vez me toca la loteria prometo financiar el proyecto de Don Raúl, Don Chema y Mr. Conde
Muchas gracias por su oferta patrocinadora, la tendré en cuenta para el futuro
Y por favor, no me trate de usted, que a todos nos gusta seguir sintiéndonos unos chavales, aunque ya tengamos hijos y todo eso.