Dicen que en Hollywood hay crisis de ideas. Desde hace unos años la fiebre del remake ha invadido los despachos de las grandes productoras, las cuales, antes que gastarse los dineros del reino apostando por nuevas historias, prefieren invertir en la puesta a punto y revisión de grandes éxitos del pasado. En la ITV y el relanzamiento de clásicos con chapa nueva. Al fin y al cabo, de esta manera se aseguran un mínimo de público que hinche las taquillas, más que sea a golpe de nostalgia.
Hubo una época, yo la recuerdo bien, en que decir remake equivalía a echarse a temblar. Porque claro, ¿cómo se puede mejorar una obra que ya causó sensación en su momento? ¿Cómo adaptarla a los gustos de hoy en día y respetar a la vez su inocencia, su espíritu transgresor o artístico, todo aquello que la hizo grande cuando se estrenó? Es difícil apostar y ganar en este doble juego, y como resultado, casi siempre los remakes eran bodrios infumables que ni se acercaban a la grandiosidad o el impacto del original. En este sentido, me estoy acordando ahora mismo de la nueva versión del “Planeta de los Simios”, pergeñada por un Tim Burton demasiado necesitado de dinero, o de la de “Rollerball”, al frente de la cual estaba un John McTiernan que más bien parecía un ultracuerpo clonado del genio que reventó taquillas con dos de las películas más recordadas de finales de los 80, Depredador y La Caza del Octubre Rojo. A la primera, la de los simios, le sobraban estereotipos y a la segunda, la de los otros simios (perdón, quise decir jugadores de rollerball) le faltaban agallas para ser adulta.
Pero luego vino otra gente y nos dio una sorpresa. Cuando el calificativo de remake ya conseguía hacer que nuestras piernas temblaran y se nos alterara la sangre pensando en qué horrible engendro nos iban a colar a continuación, surgieron una serie de personas que no pretendían reversionar el material original en el que se apoyaban, sino partir de sus mismas premisas para contar historias inteligentes y más barrocas que en las que en su día se inspiraran, para hacernos llegar nuevas historias (y mejores) sobre personajes ya conocidos.
Estoy hablando de Galactica, por supuesto. La estrella de combate más famosa de la tele. Al saber que se iba a realizar un remake de esta mítica serie, cuyo original visto hoy en día tal vez arranque alguna risilla de vergüenza de la platea (como cuando el efebo Apolo grita en uno de los capítulos que su padre está loco porque quiere poner mujeres a pilotar cazas espaciales, “¡padre, si sólo son mujeres!”), confieso que me sonó a producto apestosillo y cutre, a intentar sacar unos pavos metiéndole FX modernos a una serie que, por otro lado, contó con los mejores que había en su tiempo.
Gracias a los dioses de Kobold, me equivoqué. Galactica es la mejor serie de CF que he visto nunca, y aunque con altibajos, la media de calidad de sus episodios es muchísimo más alta que cualquier otra cosa que se haya visto antes en televisión… y me arriesgaría a decir que en el cine, también.
Ahora nos anuncian otro remake con ganas de ser mejor que el original, pero al mismo tiempo respetuoso con él: el de Star Trek, una serie que se había encorsetado tanto en unos patrones de cómo—hacer—una—serie—trek que ya no daba más de sí. Ni en televisión ni en cine, aunque siempre defenderé ante los escépticos que a mí “Némesis” me gustó, y la considero una de las mejores películas de la Nueva Generación junto con “Primer Contacto”. Pero llegó un punto en que tanto el estilo visual como el de los guiones de las películas trek eran tan indiferenciados de los de las series (no en vano, sus responsables eran los mismos) que las películas no parecían tales, sino episodios de hora y media de duración. Hacía falta insuflar nueva sangre y nuevas perspectivas, darle al botón de reset de la franquicia y empezar de nuevo. Y eso, al menos por lo que se ve en el trailer, es lo que nos promete J. J. Abrams, el creador de otro fenómeno televisivo actual, “Perdidos”.
A mí, la película que Abrams añadió a la saga de “Misión Imposible” no me gustó demasiado, por un sencillo motivo: lo que yo llamo la cámara Parkinson. Esa manía que tienen los directores de hoy en día de mover tanto la cámara en las secuencias de acción que ni te enteras de lo que está pasando. Hay veces en que llego al extremo del mareo, en según qué películas. En MI3 me mareé, y por eso las secuencias de acción no me funcionaron, ya que tanto temblor de cámara, en lugar de ayudar a que la cosa sea más frenética, en mi opinión estorba y enturbia el dinamismo de la acción. También en “Transformers”, la nefasta película de Michael Bay, hubo un momento en que no sabía quién demonios le estaba pegando a quién, si el robot bueno al robot malo, o viceversa, o los malos entre sí, o los buenos contra otros buenos porque ellos tampoco entendían nada.
Yo, en ese sentido, soy deudor de un cine que no intenta ocultar o disimular la falta de medios o la originalidad del contenido con el temblor de la cámara. Me encantan las pelis de James Cameron porque el tío concibe la acción en prodigiosos planos generales, igual que Lucas o Spielberg. A Lucas se le podrán criticar muchas cosas como guionista, pero desde luego como director ni una: adoro su forma de escenificar las peleas en plano general, dónde sí que sabes bien en todo momento lo que está pasando (aprendan, Abrams y Bay) y quién hace qué cosa para ganar.
En fin, toda esta reflexión sobre la manera de enfocar el cine de acción de la actualidad viene a cuento porque Abrams abusó de esta técnica en MI3, y sólo espero que no la use de nuevo en la nueva Star Trek, o juro que acabaré vomitándole las palomitas al pobre que tenga sentado delante. A menos que las teleporte primero, claro.
Rudy dijo:
Diciembre 4, 2008 a 4:38 pm
Hombre,hacer un remake de Galáctica mejor que el original, no era muy difícil: al fin y al cabo la serie original era un bodrio que, como mucho, funcionaba como comedia y no siempre.
En cuanto a la nueva serie, aguanté media primera temporada y no me gustó. Me pareció muy irregular y con demasiados episodios tontos. Además, confieso no me acabo de creer que unos tipos que viven en sabe dios qué parte del universo y no tienen contacto con la Tierra desde los tiempos de maricastaña vistan trajes de armani y usen rifles M16. Me parece un ejemplo pereza de ambientación que me molesta bastante, la verdad.
En cuanto a Lucas: es un buen director… para algunas cosas. Es un nefasto director de actores (entre otras cosas, no se molesta en dirigirlos) pero es verdad que las secuencias de sus películas que son pura narrativa visual sin más funcionan de maravilla. En ese aspecto sí que te concedo que es un buen director.
victorconde2000 dijo:
Diciembre 4, 2008 a 8:04 pm
Lucas es como Sevilla: tiene algo especial… Desde luego, es un hombre que nunca ha sabido dirigir actores, y lo que es más, nunca se ha molestado en intentar aprender. Yo creo que por eso contrata a gente de probada valía, como Ewan MacGregor o Liam Neeson, a ver si hay suerte y se dirigen ellos solos
Galactica, salvo esta última temporada, sí me gusta mucho. Es una serie ambiciosa, cruel, arriesgada, introspectiva, espectacular… No sé, es el tipo de serie que yo dirigiría si me diesen un porrón de millones y libertad para gastármelos como yo quisiera. El único defecto que le veo es lo pesados que se están poniendo con el tema religioso. Eso de convertir a Baltar en una especie de Jesucristo y de reivindicar el monoteismo por encima del panteismo… buf. Creo que en esta última temporada les está afectado demasiado el rollo moral yanqui.
necesito soilent green dijo:
Enero 19, 2009 a 8:08 pm
Lamento contradecirle, pero la mejor serie de ciencia fición es la inigualable y caduca Espacio 1999. De mi recuerdo de la antigua Galáctica tengo pesadillas con la escena archirepetida de los xilones separándose en el espacio antes de atacar. La actual Galáctica empezó bien pero me perdí por el camino de la misticidad.
victorconde2000 dijo:
Enero 20, 2009 a 8:53 am
Bueno, Espacio 1999 era muy buena para su época, es cierto. Todo un clásico. Recuerdo que cuando la vi, en reediciones en DVD, me encantó el diseño de las naves auxiliares (muy bonitas e industriales, a lo 2001). Y también recuerdo que me gustó mucho aquel episodio en el que salía Christopher Lee haciendo de alien benigno, y un poco cabroncete en el fondo, que llega con la posibilidad de llevar a uno de los colonos a la Tierra, y se monta la de Dios…