Archivo de Octubre 2008

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Nueva novela en Minotauro

Octubre 9, 2008

¡Cariño, papá tiene un nuevo libro en minotauro! Esa fue la frase con la que desperté esta mañana a mi hija. A ella el tema le importó más bien poco, ya que sólo tiene cinco meses y a) Le importan un rábano las novelas y la profesión de su padre, y b) A menos que minotauro sea una marca de leche para bebés, ahí termina su relación y/o entusiasmo sobre el tema. Pero yo estaba emocionado. Desde que el editor de Minotauro, José Jara, me confirmó en el transcurso de una agradable cena que mi nueva novela iba a salir el próximo mes de Abril, el gusanillo ese que tenemos todos los escritores y que sólo resucita y se marca una mini fiesta-más-dance en tu estómago cuando te dan noticias así, comenzó a bailar.

Sé que esta entrada se salta un poco la norma que tengo de escribir una adenda del blog por mes, pero es que estaba tan contento que me senté al ordenador y venga, a darle más combustible al blog. La novela en cuestión es mi proyecto más ambicioso hasta la fecha. Hablé un poquito sobre ella en la pasada Semana Negra de Gijón, mientras presentaba El Teatro Secreto, y creo recordar que dije que o bien yo acababa con ella, o ella acabaría conmigo. Y por fortuna ha sido lo primero. Con esto no quiero que nadie piense que ha sido una tortura escribirla, todo lo contrario (hacía años que no me divertía tanto y no volcaba tanto de mi alma , esa que los ateos no creemos que existe, en un libro). Pero también ha sido agotador. Cuatro años, cuatro, me ha llevado redactar este poema épico. Para una persona acostumbrada a sacar a la calle un libro al año, eso es mucho tiempo. Fíjense que desde que comencé a escribir esta novela, la más larga y compleja de cuantas he concluido hasta la fecha, me ha dado tiempo a escribir otras dos (el Dragón Estelar y una inédita que se llama Gemagrís), tener un hijo y remodelar casi por completo El Teatro Secreto para su publicación en Vórtice.

La novela en cuestión es una epopeya de ambientación medieval, situada en un mundo de fantasía pero carente de criaturas mágicas. Tanto en el estilo como en las intenciones se encuentra mucho más cercana a la Ilíada que al Señor de los Anillos. De hecho, mientras la escribía el bueno de Homero fue para mí una fuente de inspiración constante. Cada noche me acostaba con la Ilíada en la mesilla de noche y me levantaba con la Odisea al día siguiente. Fue todo un viaje iniciático, un Argos de pesadilla, una ordalía de sensaciones, sentimientos y palabras como nunca antes había experimentado en mi carrera de escritor. La novela (permítanme que me refiera a ella de esta forma, pues aún no tiene título definitivo) tiene más de 600 páginas y es una epopeya sobre el fin de una era, la caída de un Imperio y la venganza de un hombre condenado a ser canción o leyenda, que lo ha perdido todo salvo el honor. Es una historia trágica (no podía ser menos, estando inspirada en los grandes poemas de la Antiguedad), violenta y apasionada, con un protagonista, Hesión, que quedará grabado en mi corazón para siempre. Nunca he sentido tanto dolor al acabar un relato como cuando puse el punto y final de éste, y sentía de esa manera que me iba a despedir de personas que para mí son tan reales como las que vosotros veis todos los días cuando salís a pasear a la calle. Hesión, Autólico, Yaroslav… estos nombres todavía no os dicen nada, lo sé, pero para mí son como pedazos del corazón que se derramaron a través de la pluma (en este caso, su versión moderna: un teclado de ordenador) y ya no volverán a mi interior. Ojalá yo pudiera derramarme también sobre el papel junto con ellos y no volver nunca.